Fundación 13° Compañía de Bomberos:

Expansión de la ciudad de Santiago:              

Era el año de 1879 cuando mediante un Decreto Presidencial, se ordenó la división de la comuna de Ñuñoa, designando el tramo oriente, bajo el nombre de Providencia.

Para  aquel año, la comuna de Providencia estaba formada por grandes predios, señoriales quintas y elegantes casonas de estilo europeo. Contaba además, con tan sólo 5000 habitantes pero, todos ellos, provistos de un incuantificable deseo de crecer y hacer de ésta nueva comuna una de las más grandes y prósperas del país. Su primer Alcalde fue don Ernesto Lafontaine

Providencia crecía de manera explosiva. Para 1910 ya existía el Liceo Victorino Lastarria, un convento de Monjas y otras grandes edificaciones. Por otro lado, cada día se acentuaba el número de emergencias a las que el Cuerpo de Bomberos de Santiago debía atender en la comuna de Providencia, con la consecuente demora por la distancia y el riesgo al desproteger el sector céntrico de Santiago.

Es así entonces, como un grupo de visionarios, hombres de bien, apoyados por don Ramón Achondo Godoy, Alcalde de la Municipalidad de Providencia en aquel entonces, que decidieron emprender la titánica empresa de formar una Compañía de Bomberos, la primera situada en la comuna de Providencia, y la Decimotercera en el Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Luego de muchas e interminables gestiones, un 25 de Noviembre del año 1940, en las oficinas de la alcaldía de la Municipalidad de Providencia, se dio cita a un grupo de 61 hombres, dispuestos a prestar el sagrado juramento a la Institución y dar inicio a esta obra que lleva por nombre Decimotercera Compañía de Santiago, “Providencia”.

 

Gestación y nacimiento de la decimotercera:

En los años de la fundación de la Compañía, la Comuna de Providencia crecía en forma explosiva. Las urbanizaciones y nuevas construcciones se multiplicaban en forma impresionante. Al mismo tiempo la Comuna de las Condes presentaba significancias similares. Los grandes predios (Chacras, Quintas, etc.) se dividían aceleradamente y la Comuna, se veía diariamente aumentada por nuevos enormes sectores con valiosas edificaciones.

Casi a diario se producían alarmas por las mil causas de Incendios y el Cuerpo debía concurrir con su Material desde prácticamente el Centro de Santiago. Las Compañías más cercanas estaban constituidas por la Primera (moneda esquina San Antonio); las Compañías 2ª y 8ª (Recoleta y Santa María), el resto 3ª, 4ª y 6ª, en el Cuartel General de calle Santo Domingo.

Fue esa circunstancia la que inició en mi espíritu, la idea de una solución más viable y práctica de pretender que el amparo bomberil se proyectara hacia esas nacientes y valiosas Comunas que crecían tan rápidamente y estaban desguarnecidas  total y peligrosamente contra los riesgos de siniestros, primero de pastizales y, luego, por maderos de nuevas construcciones o simplemente por cosas que ardían por accidentes comunes.

Las Autoridades Bomberiles del Cuerpo, veían con agrado las ideas que yo podía expresarles. Pero había gran escepticismo de poder levar a cabo tan titánica obra. La eterna falta de medios económicos y la gran envergadura que había que afrontar, hacía muy difícil coordinar voluntades para atacar con empuje y con fe la enorme tarea de atraer caracteres capaces de levantar los espíritus o interesar a las autoridades y obtener la ayuda indispensable para el nacimiento de tan imprescindible servicio a la Comunidad.

Pero la idea del Bombero Voluntario, prendida con amor en todos los chilenos bien puestos, tuvo favorables respuestas en las Autoridades Municipales de Providencia primero y luego en la Comuna de las Condes. Pero siempre quedaba la falta de medios y sobre todo  de fondos. Había que seguir luchando por ello. Muchos de mis compañeros de bomba (ya militaba en la 1ª Compañía) no me lo decían, pero creían que era iluso. Algunos de ellos y, aún de otras Compañías, pensaban que sería imposible salir adelante con la idea.

Como idea central era una sola: Que algún día la Compañía que se formara en Providencia fuera la 13ª Compañía del Cuerpo; las bases de ésta para empezar a considerar la idea era que la naciente Institución debería tener Uniforme; Material Mayor y, en lo posible Cuartel. (El nacimiento del niño con la marraqueta debajo del brazo).

Paralelamente a las gestiones que yo desarrollaba, especialmente en esferas de la Superioridad del Cuerpo, un caballero de gran respetabilidad y posición pública: Don Darío Zañartu Cavero (Co propietario del prestigioso Diario Vespertino “El Imparcial”), escribiría algunos a artículos, de gran interés, propiciando la creación del “CUERPO DE BOMBEROS DE PROVIDENCIA”. Se Trataba, por lo tanto, de dos ideas que corrían aparejadas, pero ambas por difíciles caminos: La de Don Darío porque no tenía sentido la creación de un “Cuerpo de Bomberos”; la mía porque el apoyo económico no existía o en todo caso era extraordinariamente débil.

Transcurrían los días, los meses y, tal vez, los años, hasta que se produjo la unión de estas dos ideas para llegar a una favorable posibilidad de hacer realidad el sueño del Escritor de artículos de Prensa y el del bombero iluso.

Fue Augusto Errázuriz Ovalle (casado con la señora Alicia Cañas Zañartu Prima de Darío Zañartu) quien siendo un amigo imponderable e inolvidable, nos reunió y nos presentó, ya que a esa fecha –mediados de 1939- yo no conocía a Don Darío. Podríamos decir que fue “amor a primera vista”, puesto que, como el fin era uno solo, nos entendíamos rápidamente: El aportaba su gran bagaje social y posición pública, además de su prestigio ante la Comunidad y la Prensa, y yo mis vínculos con el Cuerpo y mis contactos con tan queridos como respetables amigos de la Directiva de la institución.

Antes de empezar nuestras gestiones, hube de librar arduas y prolongadas conversaciones con Darío Zañartu, para quitarle de la mente la idea de “Un Cuerpo de Bomberos”. Como hombre de gran nobleza e inteligencia por añadidura, comprendió luego que mi solución tenía más sentido práctico y futuro.

Largos meses debían correr todavía. Visitas y conversaciones con el Alcalde de Providencia Don Ramón Achondo Godoy, punto de partida fundamental para nuestras gestiones; con el Alcalde de las Condes Don Nibaldo Correa Barros; Don Enrique Moll Loering (Delegado del Gobierno ante la Comuna de Providencia) y todo amparado irrestrictamente por la señora Alicia Cañas Zañartu y su esposo Augusto Errázuriz Ovalle, hacían progresar con firmeza la idea de una Compañía de Bomberos, que ya tomaba rápidamente el cauce de realización.

Todo estaba planeado y programado en los primeros meses del año 1940. La idea prendía en el Cuerpo de Bomberos de Santiago y, por los tanto, había mucha expectación en la directiva y en las filas de la Institución, constituyendo un punto en la mira de todos, el posible resultado final de tan trascendentes gestiones.

El motivo que tal vez más influía en la mente de toda la Institución provenía que a esa fecha, hacía 20 años atrás, el voluntario honorario y Gran Capitán de la Primera Compañía Don Alberto Cifuentes Rogers había pretendido crear la 13ª Compañía en el Barrio Franklin (Sector de Matadero), ya que por la distancia, malos pavimentos, zanjas y desagües, etc., era un extenso sector de difícil atención bomberil. Transcurrido un tiempo, desgraciadamente, el Capitán Cifuentes fracasó en su intento.

En un principio la idea de la Fundación de la Compañía de Bomberos de Providencia estaba determinada para llevarse a efecto en el mes de Mayo de 1940, y así se lo hice saber a la Superioridad del Cuerpo. Desgraciadamente una operación a la cual debí ser sometido por el Dr. Enrique Grunewald (Voluntario de la 9ª Compañía) se transformó en una septicemia nasal grave, lo que motivó una postergación de seis meses.

Fijada la nueva fecha, 25 de Noviembre de 1940, se inició una interminable serie de gestiones con la I. Municipalidad de Providencia, que se encontraba ubicada en la casa Solariega, donde actualmente están las Oficinas de la dirección de Turismo, con el objeto de hacer la reunión en la Oficina del Alcalde Don Ramón Achondo Godoy (que se hizo estrecha por la concurrencia de las 59 personas que asistieron); fijar los detalles del desarrollo de la reunión; determinar la primera Oficialidad (ya que no se podía adelantar respecto de quienes asistirían, se me encomendó dar los nombres que llenarían honrosamente los cargos); fijar el orden en el uso de la palabra, etc., etc.

En esas reuniones, a las cuales asistían, además de Darío Zañartu y yo, Augusto Errázuriz Ovalle, Enrique Moll, Artemio Espinoza, Luis Felipe Letelier y otros, todos sin base bomberil anterior, se creó una discrepancia bastante profunda, ya que, por desconocimiento de la vida del Cuerpo de Bomberos, se deseaba dar título de “Director Honorario” a diferentes personalidades (Presidente Don Pedro Aguirre Cerda: Don Ramón Achondo, entre otros), lo cual habría sido un gravísimo inconveniente para el reconocimiento del Cuerpo en su oportunidad. Finalmente y felizmente, obtuve la transacción de designarlos “Miembros Honorarios”, lo cual se hizo con toda justicia a tan esclarecidos postulantes de Voluntarios Fundadores.

En forma anecdótica puedo recordar que cuando llegó la tarde del 25 de Noviembre, horas antes de la reunión ya fijada en la Sala del Alcalde, nos reunimos Darío Zañartu y yo en la casa del primero, ubicada en la entrada de Av. Antonio Varas (es posible que ahora esté reemplazada por  Av. 11 de septiembre), donde nuestro nerviosismo presidía nuestra conversación y hacía más elocuentes las conjeturas en el sentido de si habría bastante concurrencia al acto: nos preguntábamos (sin respuesta) si habría ambiente favorable necesario para la fundación, o si nos encontraríamos con escépticos o dificultades administrativas.

Por fin, mil apreciaciones que, al llegar a la Municipalidad que estaba sólo a algunos pasos de la casa de Darío, nos volvió el alma al cuerpo al ver una cantidad de “Voluntarios” que sobrepasaba con creces nuestras pretensiones, no sólo por la cantidad sino, muy especialmente, por lo que cada uno de ellos representaba en la vida ciudadana.

El desarrollo de la Reunión está ampliamente detallado en el Acta de la Fundación y refleja fielmente lo ocurrido y que obedeció al esquema que nos habíamos trazado previamente.

Allí había nacido esta gran familia. Quedaba por delante el duro camino de instruirla, disciplinarla, darle forma en una palabra: Hacerlo todo, sacándolo de la nada. Crear, desde ese mismo instante, la mística que algún día se va transformando en la más sólida TRADICIÓN DE BOMBERO VOLUNTARIO.

Hernán Vaccaro Podestá. Capitán Fundador.

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