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En un día como hoy un voluntario de nuestra Compañía da la Alarma de Incendio en el Teatro San Ginés. Hoy publicamos en nuestra pagina web un artículo relacionado con esto que fue publicado en nuestra Revista por los 70 Años.
Miércoles 5 de marzo de 2008. Eran cerca de las 10:00 AM y
todo estaba tranquilo en Providencia. En la Guardia aún quedaba
uno que otro voluntario de esos que les cuesta levantarse,
otros dormían y otros que ya se levantaban. A eso se le sumaba
que aún no partía el año universitario para todos los guardianes.
Repentinamente, cayeron los timbres en el Cuartel, raudos nos
levantamos y nos uniformamos, le pregunté a Barroso “¿a qué
vamos?”. Él simplemente corrió y me dijo “¡¡llamado!! ¡¡¡Vamos!!!”.
Corrimos por el pasillo como siempre en dirección al
tubo, eso sí, tenía toda la sensación de que concurríamos a un
Incendio, no sé por qué. Mientras me tiraba por el tubo, escuché
a Don Roberto, nuestro cuartelero 2 de la época, que me
decía, “Apúrese que está prendido”. En ese instante aceleré la
marcha, vi la puerta de la Grumman abierta, y cuando estaba
subiendo, apareció nuevamente Don Roberto, esta vez para
decirme “súbase adelante, está a cargo”. Sin pensarlo dos veces
y lo más rápido posible, me cambié de asiento. Al subirme
noté que se encontraba Javier Soto de conductor (En esa época
era Teniente 2°) y me dijo, apúrate que está prendido. Cerré la
puerta y, no miento al decir que, al sacar media cabina de la
sala de máquinas, se veía el gigantesco hongo de humo. Terminé
de escuchar el despacho y le pregunté a la central de qué se
trataba, a lo que me respondió “teatro”. A la altura del Puente
del Arzobispo, le pregunté a Javier si dábamos la alarma de incendio
y él me dijo, tranquilo, podría ser cualquier cosa, desde
neumáticos, hasta parte de escenografía que con un chorro de
agua se apaga. Mientras la querida Grumman abría el tránsito
con sus sirenas, la central cada vez se aceleraba más. El resto
de las máquinas preguntaban de qué se trataba y pedían otra
bomba. Varios voluntarios intentaban llamar a la central (Momento
en el que se aplicaba el viejo truco de petetear un poco
con la radio de la máquina). Cerca de 2 cuadras antes de llegar
al lugar, noté que efectivamente no eran neumáticos ni nada
por el estilo; le dije al Rafa que armara con la armada rápida…
las llamas se veían desde ahí. Fue en ese momento donde tomé
la decisión de dar la alarma de incendio a penas llegara al lugar.
Entramos por Malinkroft contra el tránsito, llegamos a la puerta
y di la alarma. Barroso por mientras armaba un pitón por
la puerta y la gente decía “Juan Pablo, Juan Pablo, está adentro”.
Rápidamente pregunté dónde estaba tal Juan Pablo por
el que todo el mundo se preocupaba, me dijeron que en el 2°
piso. Sin dudarlo, partí hacia el supuesto lugar, pero era imposible
pasar sin agua, la cantidad de combustible que existía
en el lugar provocó una rápida propagación. Me dirigía a
buscar un segundo pitón para llegar a la oficina cuando llegó
el porta escalas de la octava; a cargo venía su Teniente 2°, le
entregué el mando del Cuerpo y mientras le explicaba la situación
vimos que Juan Pablo se encontraba colgando del teatro
bajo una cubierta de aluminio que cubría el edificio. Rápidamente,
con voluntarios de la Octava, procedimos a rescatarlo
y fue ahí cuando me di cuenta que la persona por la que todos
preguntaban era Juan Pablo Sáez, el actor y dueño del Teatro
Miércoles 5 de marzo de 2008. Eran cerca de las 10:00 AM y todo estaba tranquilo en Providencia. En la Guardia aún quedaba uno que otro voluntario de esos que les cuesta levantarse, otros dormían y otros que ya se levantaban. A eso se le sumaba que aún no partía el año universitario para todos los guardianes. Repentinamente, cayeron los timbres en el Cuartel, raudos nos levantamos y nos uniformamos, le pregunté a Barroso “¿a qué vamos?”. Él simplemente corrió y me dijo “¡¡Llamado!! ¡¡¡Vamos!!!”. Corrimos por el pasillo como siempre en dirección al tubo, eso sí, tenía toda la sensación de que concurríamos a un Incendio, no sé por qué. Mientras me tiraba por el tubo, escuché a Don Roberto, nuestro cuartelero 2 de la época, que me decía, “Apúrese que está prendido”.
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